LA PREPARACIÓN DE LA FERIA INTERNACIONAL

En tres horas se hizo el trabajo de quince días. En el último día se construyeron por completo pabellones enteros. Un ambiente de pintura fresca. El macabro stand del “less”. Una ciudad limpia y verde a las 6 de la tarde, y sucia y enloquecedora a las 5. La cinta y las tijeras. A paso de conga.

 

 

Una hora antes de que el presidente de la república inaugurara ayer la Feria-Exposición Internacional faltaban por lo menos diez días para que los trabajos estuvieran concluidos. Eran las cinco de la tarde. Por primera vez en toda la semana había dejado de llover y un sol brillante y firme resplandecía sobre las 300 estructuras metálicas. Minutos antes se había impartido la orden de suspender los trabajos, a través de los gigantescos altavoces que fueron instalados en el centro de la nueva y moderna ciudad de 125.000 metros cuadrados que 4.000 obreros trataban de terminar apresuradamente en una hora. Muy pocos obedecieron la orden

 

A paso de conga

 

No se trataba simplemente de colocar los últimos detalles en los 1.127 pabellones donde se exhiben artículos de todo el mundo occidental. Se trataba, en muchos casos, de construirlos por completo.

El pabellón de los señores Hernando Abondano y Enrique Jaramillo no existía en la mañana de ayer. En el momento de la inauguración estaba concluido, con un letrero en que se anunciaba la rifa de dos automóviles a beneficio de los hijos de los presos. Uno de los pocos pabellones que estaban concluidos hasta en sus últimos detalles a las cinco de la tarde era el dramático y un tanto espantoso pabellón del Instituto de los Seguros Sociales, donde hay un cadáver de yeso, en tamaño natural, teniendo entre sus cuatro cirios, y un hombre agonizante, con el cráneo destrozado, Es el anfiteatro de la exposición.

El olor predominante era el de la pintura fresca. Pero no había tiempo de poner avisos preventivos. Los obreros que se movían de un lado a otro cargando bastidores que un momento después parecían tener un mes de instalados, presentaban un curioso aspecto de serios y fatigados arlequines. Los overoles azules iban recogiendo manchas a medida que avanzaba la tarde. Minutos antes de la inauguración parecían crucigramas de colores.

Cuatro pintores terminaban, un cuarto de hora antes de que llagara el presidente, las últimas letras en el anuncio de uno de los organismos oficiales de nombre más largo: «INSTITUTO NACIONAL DE APREVECHAMIENTO DE AGUAS Y FOMENTO ELÉCTRICO». En cambio, en el pabellón del frente se hacía todo lo contrario: un pintor de brocha gorda cubría apresuradamente con grandes brochazos amarillos un letrero que se había pintado con mucha calma, desde principios de la  semana, y tenía un error de ortografía.

 

 

Los árboles nacen adultos

 

El hermoso sol de verano que brilló durante todo el día facilitó las labores de improvisación. En el programa de trabajo se había previsto la pavimentación de las calles interiores de la feria. Pero la fecha de la inauguración les cayó encima a los trabajadores, y a última hora fue preciso traer el coke sobrante en la improvisación de las calles de Belencito, una ciudad que fue hecha casi a tanta velocidad como la Feria-Exposición.

Con menos de un mes de diferencia en la edad, estas dos ciudades, las más jóvenes y también dos de las más completas del país, tienen una misma historia de última hora. También en la Feria-Exposición se sembraron árboles ya formados, que fueron traídos en camiones desde el municipio de Bosa. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con los de Belencito, muchos árboles de la feria no prosperaron. Ayer, minutos antes de que llegaran los 6.500 improvisados, cuadrillas de obreros arrancaban árboles marchitos y sembraban los nuevos. Al atardecer, las avenidas lucían verdes de árboles acabados de comprar.

 

La cinta y las tijeras

 

Los gigantescos altavoces eran una comedia exacta de la situación que se vivía en esos momentos. «Urgente: Se está esperando al empleado que salió por la cinta y las tijeras», se oye decir por ellos a las cinco y media. E inmediatamente después: «A todos los vehículos que se encuentren en el interior de la feria se les ruega retirarse. Sólo pueden permanecer los vehículos del aseo». Porque si los vehículos del aseo hubieran sido retirados a esa hora, cuando los invitados llegaron habrían tenido dificultades para moverse entre los escombros y desperdicios que al atardecer fueron arrojados de los pabellones. Por lo menos una tonelada de desperdicios fue movilizada en esta última hora, mientras la nueva ciudad limpia y resplandeciente esperaba la llegada de los invitados, y la voz angustiada repetía por los altavoces: «Urgente: Se está esperando al empleado que salió por la cinta y las tijeras». Era la cinta que debía cortar el presidente en el acto inaugural, y las tijeras con que debía cortarla.

 

Dicho y hecho

 

«No hay inauguración sin lluvia», dijo a las 5:40, mirando al cielo transparente, uno de los obreros que sembraron los árboles. Fue como si alguien lo hubiera oído: fuertes y pesadas gotas empezaron a caer sobre la ciudad que minutos antes resplandecía bajo el sol maduro. «Llovió en Paz Río y aquí también tenía que llover », siguió diciendo el obrero, mientras acababa de sembrar el árbol, y mientras un barro amarillo y jabonoso cubría la improvisada costra de piedra de las calles. En menos de cinco minutos se convirtió en un pantano amarillo lo que ocho horas de sol habían endurecido lenta y laboriosamente. A las 5:45, cuando se dio la orden por los altavoces y se encendieron las innumerables luces de colores, la feria era una ciudad de calles desoladas. Los 4.000 obreros se refugiaron en los pabellones. Chapaleando en el barco recién formado, oscuros y silenciosos entre la niebla, penetraron entonces los soldados de la guarda presidencial.

La lluvia intempestiva trastornó los preparativos, pero dio tiempo a los trabajadores de los pabellones inconclusos para perfeccionar los últimos detalles. Se tenía la impresión, viéndolos trabajar afanosamente en la preparación de los matices finales, de que en cada pabellón se esperaba la visita personal, el examen minucioso del presidente de la república, que a esa hora debía de contemplar la lluvia, a través de las ventanas de San Carlos, preguntándose acaso por qué no fue inaugurada la exposición a las tres de la tarde.

Pero en la feria se pensaba que si el certamen hubiera sido inaugurado tres horas antes para aprovechar el sol, los invitados habrían encontrado algo completamente distinto de lo que encontraron. En realidad se hizo en tres horas el trabajo de quince días, como en un mes se había hecho el trabajo de todo un año. Cuando el presidente llegó, a pesar de la lluvia y el barro, a pesar de que la bandera de Grecia estuvo inicialmente mal colocada y la de Austria fue izada cinco minutos antes, cuando numerosos colombianos vieron en los receptores de televisión la entrada del presidente, a las 6:29, la Feria-Exposición Internacional estaba lista para inaugurarse. Todo resultó muy bien, aunque el tránsito estaba trabado desde la Avenida de las Américas hasta la glorieta de San Diego.

 

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Una respuesta

  1. Con lo que hemos visto en clase podemos comentar que el texto anterior es una crónica porque tiene un propósito meramente informativo, donde la noticia es la construcción en tres horas de las obras faltantes para la inauguración de Feria Internacional. Esto resaltando el cómo de esos hechos y usando como formas básicas del discurso, la narración y la descripción.

    Por otro lado tenemos que se hace evidente que el periodista es testigo de los hechos, pues aunque su narración está redactada en tercera persona, su redacción expresa lo que sintió y lo que da a transmitir, como “El olor predominante era el de la pintura fresca.”

    Por lo anteriormente dicho procedemos ahora a explicar su estructura, la cual está conformada de la siguiente manera:

    Breve clímax: porque de alguna manera nos introduce al texto anunciando que los trabajos con respecto a la estructura de la feria no estaban concluidos una hora antes de que ésta fuera inaugurada por el presidente de la república.

    Detalles: porque a lo largo de la crónica mediante el uso de la narración y la descripción, da a conocer cómo es que se logro dicha hazaña de construir en horas lo que no se había construido en días.

    Interés secundario: se considera secundario porque se concluye pensando en ¿qué hubiera pasado si se hubiera hecho la inauguración tres horas antes?

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